martes, 17 de abril de 2012

Encanto multicultural en Ámsterdam

Los turistas pasean por Ámsterdam, en concreto por la calle Nieuwebrugsteeg. No importa que esa mañana el tiempo haya dado un giro radical y a pesar de estar en pleno verano, sea necesario pasear con ropa invernal, pues han venido a disfrutar de los encantos de la ciudad y no hay tiempo que perder.
Constantemente se observan personas saturadas de mapas y guías turísticas para no perder detalle de todo lo que tienen a su alrededor: el Barrio Rojo, la Plaza Dam, el Museo Van Gogh, el mercado de las flores y un sin fin de lugares que visitar.

La bicicleta, el transporte rey
Llama la atención la gran cantidad de bicicletas que inundan la ciudad, cosa que contribuye no solo a la mejora medioambiental, sino también al atractivo visual de la localidad. Gracias a esta sana costumbre las calles más céntricas de la ciudad no tienen que estar cubiertas del asfalto al que tan acostumbrados estamos por aquí, sino que todo son zonas peatonales forradas de adoquines por donde pasear tranquilamente, dejando espacio por supuesto a las bicicletas.
Entre las viviendas el color marrón del ladrillo tiene todo el protagonismo en las fachadas, acompañado del blanco y en ocasiones rojo, que bordea los grandes ventanales.
Pero en este caso llama especialmente la atención la casa del centro de la imagen, pues se trata de un edificio que con el paso de los años se ha ido desplazando hacia delante. 
La capital de Holanda es una ciudad regida por el lema “vive y deja vivir”, un lugar tolerante y multicultural que comparten personas de 178 nacionalidades distintas, según los últimos datos del Servicio de Investigación y Estadística.
El símbolo más emblemático de la ciudad son las tres equis. Se trata de una imagen que se repite constantemente como es el caso de las señales que indican las direcciones de las calles, como se aprecia a la izquierda de la imagen. Estas “XXX” representan los tres grandes enemigos naturales que ha padecido la ciudad a lo largo de su historia: el fuego, debido a que muchas casas son de madera, el agua, por las inundaciones y la epidemia de peste.

Los edificios se desplazan en la capital holandesa
Si hay algo que llama la atención al pasear por las calles y puentes de Ámsterdam son las casas: viviendas muy pintorescas que raramente superan los cuatro pisos de altura.
El frío que acecha la ciudad durante el invierno también deja huella en la arquitectura del lugar, pues por ello se observan unos tejados muy inclinados que facilitan que la gravedad ejerza su función sobre la nieve.
Puesto que la capital holandesa se ha ido edificando al rededor y en el interior del río Ámstel, las construcciones se asientan en su gran mayoría sobre el agua. Debido a estas circunstancias, casas como éstas se han ido moviendo poco a poco, de manera que actualmente se encuentran inclinadas ligeramente hacia delante.
Se conservan las casas de ladrillo propias de la arquitectura de los siglos XVI y XVII, con enormes ventanas para aprovechar al máximo las horas de luz natural.
Otro dato curioso en estos edificios es la polea que tienen en la parte superior de la fachada que se emplea para las mudanzas, puesto que las escaleras de estas edificaciones se caracterizan por ser muy empinadas y especialmente estrechas.

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