jueves, 5 de abril de 2012

Parte de mi historia


Nací en Crevillente en noviembre de 1991 y siempre fui la niña rubia de los ojos muy oscuros. Con apenas tres años salía todas las tardes de la guardería para comer en casa de mi abuela esos fideos, ese trozo de merluza o cualquier otra cosa que, aunque no fuera de mi agrado, terminaba comiendo. Cuando no llevaba ni dos añitos por el mundo ya parecía que no me iba a callar nunca y hasta la vecina, de escucharme por el patio de la cocina entablar unos monólogos que ni siquiera mi madre lograba entender, le dijo un día a mi abuela: “con lo que habla esta niña, como poco nos va a salir ministra”. Obviamente yo no recuerdo todos estos detalles, las anécdotas, los regresos de la guardería o la celebración de la boda de mis padres a la que tuve la suerte de asistir, pero como todos, imagino que a base de fotografías e historias que se desentierran en las sobremesas familiares, nos vamos imaginando como sucedía todo, en cierto modo recreamos nuestra propia infancia con la información que nos van prestando los nuestros.
Tras esa época de mi vida llegó el momento de mudarse a La Vila Joiosa, de donde es mi padre y donde he pasado unos dieciséis años de mi vida. Fui al colegio como cualquier otra niña y disfruté como nadie de los recreos a las 11 de la mañana, en los que tenías que engullir el sándwich y el zumo a toda prisa para correr a reservar una pista de futbol, hacerte con los columpios de la zona Este del patio del colegio o hacer el esprín de tu vida para lograr ser el primero en tocar el palo de la canasta y así no pagarla jugando al escondite. Recuerdo la ilusión con la que llegaba a casa el día que el profesor nos pedía un cuento para la semana siguiente con motivo del concurso Sambori; recuerdo el tiempo que dedicaba durante esas tarde a imaginar una historia y consultarla con mis padres para que me aconsejaran en cada momento; sin embargo no recuerdo que por aquellos tiempos pensase en estudiar Periodismo en la universidad de Elche, ni en volver a vivir con mi abuela en Crevillente porque está más cerca del campus que mi casa, pero sí estoy segura, que en mi interior ya sospechaba que lo de escribir podía ser lo mío. Y ahora aquí estoy, en la Universidad Miguel Hernández haciendo realidad uno de mis sueños del que no fui consciente hasta llegar a bachillerato, pero que sin duda me ha acompañado gran parte de mi vida.

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