Actualmente en nuestro país vivimos una tremenda crisis económica,
pero creo que otra crisis no menos importante en nuestra sociedad es la crisis
cultural o educativa, del conocimiento la podríamos llamar.
Tal
vez por que estamos inmersos en el día a día universitario, tal vez por que no
queremos o no nos interesa enterarnos, pero la realidad es que el fracaso
escolar en España es del 30% (esto es, sin el título de la ESO)1. Y los
medios de comunicación tienen parte de culpa en esto, en especial la
televisión, que sigue siendo el soporte más utilizado por la población, ya sea
para informarse o a merced del entretenimiento.
Cada
vez más los niños se educan sentados frente al televisor, lo cual no tendría
que ser perjudicial si los padres establecieran ciertos horarios y las emisoras
tuvieran más tacto en sus programaciones. A todas horas podemos encontrar canales
cuyos programas no son lo más adecuado para un niño, no solo por el contenido
que a menudo sobrepasa los umbrales de violencia, sino también por el
vocabulario empleado que deja mucho que desear.
Los periodistas tienen poder. Este
es un hecho innegable y del que no se debe abusar. Los periódicos, la
televisión y la cultura periodística en general son responsables de la ética
del día a día en una medida incluso mayor de la que pueda serlo cualquier
reglamento político teórico.
La
influencia que los medios de comunicación llega a ejercer en las personas es asombrosa.
Los periódicos por ejemplo, son el referente informativo de muchísimas personas,
aunque la televisión continúa siendo la protagonista, con un índice de un 92%
de la población que la utilizan como espacio de referencia informativo2.
A
pesar de que la diversidad de noticias en la actualidad es abrumadora, cada vez
las personas se informan menos mediante los medios tradicionales, mientras que
Internet se abre un gran camino en el mundo de la información. Este gran
gigante de la comunicación llega a pasos agigantados y abarca ya todos los ámbitos
de la sociedad, en especial en la vida de los más jóvenes, quienes constituyen
la gran mayoría del 63% de usuarios alrededor
del mundo, con los que ya cuenta Internet3.
La red ofrece cantidades ingentes de
información que conducen paradójicamente a la desinformación. Las noticias se
ofrecen descontextualizadas en muchas ocasiones y dan lugar a que la gente poco
conocedora de los temas de los que versan las noticias, se vean en cierto modo
engañados. Aunque a veces no se trata de un engaño premeditado ni intencionado, ocurre y
no hay que olvidar en ningún momento que los medios de comunicación informan,
pero ante todo educan.
En
el mundo hay cerca de 100 millones de personas que acceden a Internet. Los bitácoras
y las redes sociales ocupan un papel vital en este espacio de la comunicación,
en el que más del 41% de los usuarios tiene un blog. Con estos mecanismos el
periodismo ciudadano, o mejor la participación ciudadana supone que los
ciudadanos dispongan de mayores cantidades de información; esto sin dejar de
tener en cuenta que muchas veces se trata de una información escueta y sin
contrastar puesto que detrás no está el trabajo de un profesional de la
comunicación.
Sorprende
que la media del número de fuentes en los informativos de la radio y la
televisión de las principales cadenas españolas no llegue ni siquiera a uno.
Deberíamos replantearnos estas cifras, pues información poco contrastada y de
baja calidad ya se encuentra, como he comentado en Internet. ¿No es la
documentación la base del periodismo? Si esto es cierto (y creo que indiscutible)
cómo es posible que los principales canales de información en España empleen
0,71 fuentes por noticia4 (el plural en fuentes en este caso,
obviamente, resulta retórico).
Algo
falla. Nadie refutaría que los informativos de TVE por ejemplo, se tratan de
periodismo de calidad, pues detrás hay un gran equipo de profesionales que
realizan los esfuerzos necesarios para que así sea. Pero, sí es mucho más
sencillo discutir si una cadena que ofrece una media de 0,57 fuentes
consultadas por pieza, realiza o no periodismo de calidad. Es algo
contradictorio, pues no se puede informar y ofrecer la máxima veracidad si no
se lleva a cabo un mínimo de investigación; y no creo que las medias ofrecidas
alcancen el umbral necesario para informar verazmente y por supuesto, educar.
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“El
periodismo es por naturaleza un proceso subjetivo. Le resulta tan inevitable
generar y proyectar opiniones como a una vaca dar leche. Ya sean deliberados o
involuntarios, declarados o encubiertos, los comentarios forman parte
consustancial de este oficio. Negarlo es como decir que la tinta no deja marca
sobre el papel”.
(El periodista universal, David Randall, 1996)
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