Las
libertades de expresión e información ante el fenómeno negativo y siniestro del
amarillismo y sensacionalismo del periodismo actual. ¿A mayor libertad de
información mayor libertad en la sociedad? ¿Todo es hoy criticable?
“El
periodismo ha sido en su mejor expresión, un factor esencial de progreso y
modernización, dinamitando prejuicios y aboliendo ignorancias que impedían la
comunicación entre culturas, países e individuos, y contribuyendo de manera
decisiva a denunciar y poner fin, o al menos atenuar, las injusticias e
iniquidades como la esclavitud, el racismo, la xenofobia y, en general, los
crímenes y atropellos contra los derechos humanos, así como a impulsar la
cultura democrática, ejercitando la libertad de información y el derecho de
crítica”.
Mario
Vargas Llosa recordaba el pasado cuatro de abril de 2008 en un artículo para El
País, la función que el cuarto poder ha venido ejerciendo en la sociedad
actual. Con la perfecta excusa de presentar el por entonces recién inaugurado Newseum
(un museo dedicado al periodismo en Washington DC), el periodista aborda el
amarillismo, el cáncer actual de la prensa, que según este gran museo no está
tan presente como percibimos en los medios de comunicación, pues en sus seis
plantas solo se presenta como algo pintoresco y marginal.
Sin
embargo, para Vargas Llosa el sensacionalismo en estos últimos tiempos en la
esfera de la comunicación no es únicamente algún diario o alguna revista
aislada que lo practican. Para el autor se trata de algo más: “una verdadera
plaga que infecta la información en nuestros días”.
Con
el sensacionalismo periodístico se roza la intromisión en la vida privada de
las personas, llegándose a arrollar los derechos individuales. Y a pesar de que
la libertad de información siempre ha de estar presente en una sociedad libre y
democrática, son los propios profesionales de la información quienes deben
saber ejercer esos derechos, sin sobrepasar la línea de lo íntimo y personal.
Como
explica Vargas Llosa en el artículo, “a lo largo de la historia el periodismo
en los Estados Unidos ha gozado de una libertad extraordinaria para criticarlo
todo, sin eufemismo ni pelos en la lengua”. No podemos decir lo mismo de
España, donde sólo necesitamos echar la vista atrás varias décadas para darnos
cuenta de los límites que los poderes públicos han venido ejerciendo sobre el
cuarto poder.
Hoy
día en nuestro país, afortunadamente ya no existen esos límites que por
cuestiones políticas, ideológicas o económicas se han venido dando hasta hace
relativamente poco. Las nuevas tecnologías, las redes sociales y en definitiva,
la digitalización del mundo informativo, permiten que todo sea criticable. Sin
embargo, los grandes medios de comunicación no aprovechan esta libertad en la
red tanto como podrían.
En
los pequeños medios digitales, en los blogs y en las redes sociales anónimas es
donde reside realmente esta posibilidad de crítica a todos los aspectos de la
sociedad. Los mass media se rigen en exceso por el interés económico, dejando
de lado en muchas ocasiones el verdadero objetivo del periodismo: buscar la
verdad y transmitirla.
Cuanta
mayor libertad de información haya, más libre será la sociedad. Se trata de un
hecho indiscutible. Para que las personas puedan ejercer plenamente sus derechos
han de conocer la realidad del mundo que les rodea, las condiciones reales en
las que estos derechos (y deberes) se pueden ejercer, y transmitir esta
información es la misión principal de los periodistas con la gran ayuda de los
medios de comunicación.

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