martes, 8 de mayo de 2012

AMARILLISMO MEDIÁTICO


Las libertades de expresión e información ante el fenómeno negativo y siniestro del amarillismo y sensacionalismo del periodismo actual. ¿A mayor libertad de información mayor libertad en la sociedad? ¿Todo es hoy criticable?

“El periodismo ha sido en su mejor expresión, un factor esencial de progreso y modernización, dinamitando prejuicios y aboliendo ignorancias que impedían la comunicación entre culturas, países e individuos, y contribuyendo de manera decisiva a denunciar y poner fin, o al menos atenuar, las injusticias e iniquidades como la esclavitud, el racismo, la xenofobia y, en general, los crímenes y atropellos contra los derechos humanos, así como a impulsar la cultura democrática, ejercitando la libertad de información y el derecho de crítica”.
Mario Vargas Llosa recordaba el pasado cuatro de abril de 2008 en un artículo para El País, la función que el cuarto poder ha venido ejerciendo en la sociedad actual. Con la perfecta excusa de presentar el por entonces recién inaugurado Newseum (un museo dedicado al periodismo en Washington DC), el periodista aborda el amarillismo, el cáncer actual de la prensa, que según este gran museo no está tan presente como percibimos en los medios de comunicación, pues en sus seis plantas solo se presenta como algo pintoresco y marginal.
Sin embargo, para Vargas Llosa el sensacionalismo en estos últimos tiempos en la esfera de la comunicación no es únicamente algún diario o alguna revista aislada que lo practican. Para el autor se trata de algo más: “una verdadera plaga que infecta la información en nuestros días”.
Con el sensacionalismo periodístico se roza la intromisión en la vida privada de las personas, llegándose a arrollar los derechos individuales. Y a pesar de que la libertad de información siempre ha de estar presente en una sociedad libre y democrática, son los propios profesionales de la información quienes deben saber ejercer esos derechos, sin sobrepasar la línea de lo íntimo y personal.
Como explica Vargas Llosa en el artículo, “a lo largo de la historia el periodismo en los Estados Unidos ha gozado de una libertad extraordinaria para criticarlo todo, sin eufemismo ni pelos en la lengua”. No podemos decir lo mismo de España, donde sólo necesitamos echar la vista atrás varias décadas para darnos cuenta de los límites que los poderes públicos han venido ejerciendo sobre el cuarto poder.
Hoy día en nuestro país, afortunadamente ya no existen esos límites que por cuestiones políticas, ideológicas o económicas se han venido dando hasta hace relativamente poco. Las nuevas tecnologías, las redes sociales y en definitiva, la digitalización del mundo informativo, permiten que todo sea criticable. Sin embargo, los grandes medios de comunicación no aprovechan esta libertad en la red tanto como podrían.
En los pequeños medios digitales, en los blogs y en las redes sociales anónimas es donde reside realmente esta posibilidad de crítica a todos los aspectos de la sociedad. Los mass media se rigen en exceso por el interés económico, dejando de lado en muchas ocasiones el verdadero objetivo del periodismo: buscar la verdad y transmitirla.
Cuanta mayor libertad de información haya, más libre será la sociedad. Se trata de un hecho indiscutible. Para que las personas puedan ejercer plenamente sus derechos han de conocer la realidad del mundo que les rodea, las condiciones reales en las que estos derechos (y deberes) se pueden ejercer, y transmitir esta información es la misión principal de los periodistas con la gran ayuda de los medios de comunicación.

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